Un día Oropélida decidió tirar la casa por la ventana. Varios vecinos murieron bajo el peso de las cacerolas. Y cuando lanzó el lavarropas se derribó un pino sobre una casa. El barrio fue declarado en emergencia.
Oropélida se salvó de ir a la cárcel alegando problemas psicológicos pero nunca escarmentó.
Nadie se explica por qué en días de luna llena aparece en la vereda un trapito rejilla
nuevo.
Yo vi una noche a Oropélida inmersa en su rito:
se perfuma despiadadamente
desnuda, sale al balcón
mira sin mirar
tira algo
propio o ajeno
(si es querido mejor)
cierra los ojos para no sentir vértigo
y se ratifica que
ningún acto de amor
es posible.
viernes, 25 de julio de 2008
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Que nada nos mire.
Que nada nos vea.
Que nada nos toque.
Que nada nos mire.
Que nada nos vea.
Que nada nos toque.
Que nada nos mire.
Que nada nos vea.
Que nada nos toque.
Que las cabezas de los vecinos
caigan.
Que los vecinos no tengan cabeza.
Que las cabezas de todos los vecinos se sienten a la mesa.
Que todas las cabezas se amen y hablen de mí.
Que sólo coman dulce de naranjas
amargo
y un ají
picante.
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DEL LIBRO “LA PERVERSIÓN” (inédito)

Una madrugada, mientras transitábamos una ruta cordobesa, Pupé y Oropélida convocaron a un gran genio mono.
El genio era muy bueno y se divertía con nosotros. Levantaba torpemente en el aire, con sus garras peludas, el cochecito en el que íbamos.
Concedía
todo lo que le era pedido.
Aunque Pupé estaba realmente asustado, como es muy respetuoso, no decía nada y dejaba caer los párpados cuando el genio lo miraba. En cambio Oropélida no paraba de pedir incluso en otros idiomas. Se había puesto un bonete y los miembros de su cuerpo terminaron enredándose con sus propias palabras, convirtiéndose en una araña verde venenosa
pero graciosa.
Así seguimos durante días en ese vaivén y yo no hacía más que vomitar.
Gracias al genio conseguimos tener un Citroën azul, uno rojo y uno amarillo.
Hasta que un día comenzó a llover y Oropélida a reclamar en sueños, debajo de su baba transparente, autos y más autos.
El genio, que era alérgico y sensible, se deprimió y como ya no podía responder, salió corriendo bajo la lluvia y en un arroyuelo cordobés se suicidó.
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Poética
Entiendo a la poesía como una forma de meditación.
Contemplo, medito, transformo.
La poesía me permite la creación de una nueva realidad.
Se puede partir de cualquier lugar. Y eso me parece maravilloso.
A veces esos “lugares” vienen a mí, otras, salgo en su búsqueda.
A veces intento la explosión de los objetos contemplados,
Otras describo las imágenes que tengo, estando despierta
o las de mis sueños o ensoñaciones.
Valoro la ironía y el humor, también la manifestación de lo siniestro.
Me gusta jugar. Trato de disfrutar del proceso de escritura y
de mis textos en sí, aunque no siempre es posible. Puedo
sentir odio o amor por lo que escribo, alternativamente.
Y también sufro de ansiedad.
La poesía es de todos, está en todas partes y puede ser escrita por todos.
En días de luna llena aumenta mi inspiración.
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Selva Dipasquale
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