viernes, 1 de agosto de 2008

Oscar, Dueño del Bar

Tenía el mejor bar de la villa cerro 15

y fui padre de dos hermosas criaturas

cuyos nombres ya no importan porque ahora

se hacen llamar Galaxia y Maria, las dos Putas.

Podría hablarles de sus desventuras

pero esa también es otra historia.

Mi bar estaba lleno de glamour y sofisticación

lleno de gente con trajes italianos

igual que los clubes que frecuentaban los mafiosos de mis películas favoritas

Al Capone, Carlito Brigante, Donnie Darko, Carlitos Way,

¡genios criminales, puro estilo!

No como los fanfarrones que vienen a revender

unos cuantos gramos de droga cortada.

De una subasta ilegal, me trajeron

el mismo encendedor que usaba El Padrino

(sabiendo que era falso, pero para mantener encendida

la ilusión del glamour, lo compré)

Era de plata, pesado, brillante y hermoso.

El mismo encendedor que nunca fallaba

y que caía en cámara lenta

Tenia claro que alguna vez la policía encontraría

mi boliche camufla

En aquel caso, terminaría por quemarlo todo

pero nunca pensé que se adelantarían a mis pasos

ni que el bar se convertiría en mi propia urna.

Nunca supe quien fue, pero si supe…

que mi encendedor cayó en cámara lenta

y sin apagarse,

no al menos hasta terminar con la ultima ceniza.

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