Tenía el mejor bar de la villa cerro 15
y fui padre de dos hermosas criaturas
cuyos nombres ya no importan porque ahora
se hacen llamar Galaxia y Maria, las dos Putas.
Podría hablarles de sus desventuras
pero esa también es otra historia.
Mi bar estaba lleno de glamour y sofisticación
lleno de gente con trajes italianos
igual que los clubes que frecuentaban los mafiosos de mis películas favoritas
Al Capone, Carlito Brigante, Donnie Darko, Carlitos Way,
¡genios criminales, puro estilo!
No como los fanfarrones que vienen a revender
unos cuantos gramos de droga cortada.
De una subasta ilegal, me trajeron
el mismo encendedor que usaba El Padrino
(sabiendo que era falso, pero para mantener encendida
la ilusión del glamour, lo compré)
Era de plata, pesado, brillante y hermoso.
El mismo encendedor que nunca fallaba
y que caía en cámara lenta
Tenia claro que alguna vez la policía encontraría
mi boliche camufla
En aquel caso, terminaría por quemarlo todo
pero nunca pensé que se adelantarían a mis pasos
ni que el bar se convertiría en mi propia urna.
Nunca supe quien fue, pero si supe…
que mi encendedor cayó en cámara lenta
y sin apagarse,
no al menos hasta terminar con la ultima ceniza.









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